Reseña: “Breve historia de la Geología” de Antonio Durán López

Esta entrada fue publicada originalmente en Hablando de Ciencia

 

Breve historia de la Geología

Autor: Antonio Durán López

Editorial: Fueyo Editores

Año: 2017

Páginas: 350

ISBN: 978-84-942420-4-5

PVP: 35 €

 

SINOPSIS

Breve Historia de la Geología comienza con los primeros homínidos y sus primeras herramientas, aunque será en la edad moderna cuando se empiece a utilizar este término y a principios del siglo XVIII cuando se constituya como ciencia. Todo ello relatado de una manera entretenida, documentada y didáctica, con lo que no deja de ser un repaso a la historia de la humanidad visto desde los ojos de un geólogo.

RESEÑA

La historia de la ciencia es tan extensa y variada como la historia de la humanidad y todas las ramas de la ciencia. Lo mismo ocurre con la Geología. El universo que conocemos tiene aproximadamente 13700 millones de años. La tierra unos pocos menos, pero los suficientes como para tener una historia que merece ser contada.

En Breve Historia de la Geología, el autor aborda la Geología desde la perspectiva de aquellos que han participado en su desarrollo, incluyendo a los investigadores españoles que han sido olvidados por la historia.

Todo comienza con los primeros homínidos ya que, en su evolución, han estado ligados a la tierra y a las rocas. Los primeros intentos por construir herramientas de piedra, temporales o duraderas, hasta el descubrimiento de los metales y diversos minerales, que ayudaron a su evolución, contribuyeron a establecer la Geología como una ciencia.

Desde los primeros filósofos griegos, entender todo lo que les rodeaba ha sido una ambición que muchos han perseguido. Sin embargo, se considera que el primer geólogo fue Teofrasto de Ereso de Lesbos, amigo y discípulo de Aristóteles. Mientras que muchos trataban los minerales desde un punto de vista mágico o curativo, él los abordó metódicamente por si mismos.

La extracción de rocas y minerales, y por lo tanto la aparición de una de las ramas de la Geología como es la minería, fue una constante durante muchos siglos, ya fuera para producir utensilios y armas o para usar como adornos y amuletos. Es en este último sentido cuando aparece la tradición, sin ningún fundamento científico, que dura hasta nuestros días, de asignar propiedades mágicas a los minerales y gemas.

La consideración de que algunos metales eran más valiosos que otros dio lugar también a la alquimia y el interés en convertir un metal menos valioso en otro que lo era más. Robert Boyle, en su obra El químico escéptico contribuyó a acabar con la alquimia.

En los siglos XVI y XVII empiezan a desarrollarse técnicas propias de la mineralogía y la minería, siendo Georgius Agrícola el autor de uno de los primeros tratados que comienza a aportar visión científica a la Geología y el español Alonso Barba el que contribuye a la metalurgia, además de ser considerado uno de los padres de la minería.

Con anterioridad a esa época, la historia geológica de la tierra se basaba en la Biblia, pero gracias a Nicolas Steno, y la enunciación de los principios de Steno o leyes de la estratigrafía, la edad de la tierra aumenta. Steno es considerado como uno de los fundadores de lo que hoy llamamos Geología como tal, pero no el único. Existen multitud de padres fundadores siendo uno de los más importantes y conocidos Charles Lyell que, con sus Principios de Geología, revolucionó esta ciencia e hizo que muchos empezaran a aproximarse a ella como ciencia para entender nuestro planeta. También influyó en uno de los más grandes científicos de la historia, Charles Darwin que, entre los pocos libros que llevó en su viaje con el Beagle, llevó los Principios de Geología con él.

La Geología además es una ciencia con multitud de ramas como la hidrogeología, estratigrafía, vulcanismo o geología minera. Todas estas ramas han seguido un desarrollo que ha influido, de diferentes maneras, en el avance de la sociedad y en la manera de entender la tierra.

La Geología ha dado grandes avances en el conocimiento científico, uno de los más importantes fue la teoría de Wegener sobre la deriva continental, que ayudó a tener una visión de la evolución de nuestro planeta. Wegener es un claro ejemplo de cómo científicos de otras ramas de la ciencia pueden ayudar a mejorar conocimiento detallado de la Geología.

Más adelante, la unión de la Geología a otras ramas de la ciencia, proporcionó la capacidad de explorar más en detalle la evolución del planeta y a los seres vivos que la habitan como fue el caso de la extinción de los dinosaurios por el impacto de un meteorito o a través de la exploración espacial, una exploración que ha hecho que la Geología Planetaria tenga cada vez más peso en nuestra sociedad para entender cómo se han formado y evolucionado otros cuerpos del sistema solar de cara la posible identificación de vida fuera de la tierra.

Hay, sin embargo, aspectos que hay que tener en cuenta al leer el libro. La Geología es una ciencia, pero también la Física, la Química, la Biología (nótense las mayúsculas). A lo largo del libro sólo la Geología comienza en mayúsculas. Esto puede molestar a lectores provenientes de otras ramas de la ciencia y llevar a error al lector que no conozca la historia. Incluso ciertas personas relevantes para la historia de la ciencia, da la impresión, como en el caso de Luis Walter Álvarez, de ser tratados como unos meros asistentes de los geólogos.

En resumen, un muy buen libro para aprender historia en todos sus sentidos desde la historia de la humanidad y el pensamiento a la historia de la ciencia en general y la Geología en particular.

Recopilación de artículos y algo más

Hace tiempo que no escribo en el blog, pero tiene su explicación. ¡He escrito en otros sitios! Y se podría decir que con más frecuencia de lo que lo hago aquí. Además, hay una explicación adicional. ¡En mayo vuelve el festival Pint of Science! Será los días 15, 16 y 17 de Mayo y este año estamos trabajando para que llegue a más de 100 bares de 43 ciudades de toda España y con alrededor de 300 investigadores que hablarán de sus investigaciones.

Daré más detalles en los días próximos al festival. De momento, por si os apetece os dejo con los artículos que he escrito en otros sitios amigos.

En Hablando de Ciencia:

Estrellas variables: Astrosismología (Publicada el 20 de febrero de 2017)

RS Puppis tomada por el Hubble. Una estrella variable de tipo cefeida

La frustración de los astrónomos profesionales (Publicada el 10 de abril de 2017)

Galaxia elíptica M89

En Principia:

Un gran debate (27 de febrero de 2017)

Ilustración de Dino Caruso Galvagno para este artículo en Principia.

En el blog de la Asociación Española de Comunicación Científica:

El canal en la comunicación científica (21 de marzo de 2017)

¿Hay algún canal mejor para comunicar ciencia que un bar?

Y lo dicho, en mayo más con Pint of Science.

¡Espero veros en los bares!

El cielo nocturno y los telescopios

Esta entrada fue publicada previamente en Hablando de Ciencia. Pulsa en la imagen para ver la versión original.

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Te pongo en situación. Eres un niño que ya tiene suficiente uso de razón pero que está acostumbrado a irse pronto a la cama. Una noche de verano, en vacaciones, tus padres te llevan a dar un paseo por un lugar con poca iluminación artificial y miras al cielo. ¿Qué piensas en ese momento?

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Telescopio William Herschel (Fuente: Wikimedia Commons)

Esta situación es más común de lo que piensas y gran parte de los niños (¡y adultos!) que miran al cielo nocturno suelen quedarse tan ensimismados y empequeñecidos con lo que ven que muchos se plantean conseguir medios más avanzados para observar el cielo.

En muchos casos, la observación del cielo a simple vista suele bastar. Otros pueden utilizar medios más rudimentarios para hacer observación semiprofesional, como es el caso de Peter Collins, que ha descubierto varias novas escudriñando regularmente el cielo con unos meros prismáticos.

Sin embargo, desde que el holandés Hans Lipperhey presentara, en 1608, en los Estados Generales de la Haya la patente del primer tubo con una lente convergente en el objetivo y una divergente en el ocular, los telescopios se han constituido como la herramienta principal para observar el cielo. Fue, de hecho, Galileo quien lo dio a conocer a todo el público como instrumento para la observación astronómica en 1610 tras observar las manchas del Sol o las principales lunas de Júpiter.

Adquirir un telescopio para observar el cielo nocturno depende de varios factores del propio observador como son qué quiere hacer con él, las condiciones en las que va a observar y cuánto dinero se quiere gastar. En este artículo vamos a hablar de las clases de telescopios que existen, en función de su óptica, sin entrar en detalle en las necesidades de cada persona. También nos centraremos en los telescopios ópticos, dejando de lado los que utilizan otras longitudes de onda, como son los radiotelescopios

Principalmente existen tres clases de telescopios ópticos:

  • Refractores
  • Reflectores de Newton
  • Reflectores de Cassegrain
Óptica de telescopios

Óptica de los diferentes tipos de telescopios

Telescopios refractores

Los telescopios refractores más simples tienen, como elemento óptico, una lentes en el objetivo que enfoca la luz procedente de los objetos astronómicos en un ocular. Estas lentes tienen la mala costumbre de presentar aberración cromática, por lo que se han tenido que idear distintos tipos de refractores que reduzcan o eliminen dicha aberración. Esto se ha conseguido incrementando y mejorando la calidad del número de lentes en el objetivo.

Los primeros son los telescopios refractores acromáticos. Disponen de dos lentes en el objetivo. A pesar de eliminar la aberración cromática en gran parte, todavía sufren de un cierto grado de aberración. Tienen la ventaja de que son los más simples y baratos.

Los telescopios refractores ED (del inglés Extra-low dispersión) son similares a los acromáticos en cuanto al número de lentes, pero el vidrio que forma la lente tiene una mayor calidad. De hecho, esta calidad hace que se elimine, prácticamente en su totalidad, la aberración cromática.

Por último tenemos los telescopios refractores apocromáticos que, a diferencia de los anteriores cuentan con tres lentes en el objetivo y generan imágenes totalmente ausentes de aberración cromática.

Un parámetro muy importante a tener en cuenta a la hora de comprar un telescopio (refractor o reflector) es la relación focal del mismo. La relación focal nos indica la cantidad de luz que vamos a conseguir en el ocular. Esto es similar a lo que ocurre en las cámaras de fotos digitales. Cuando seleccionamos una relación focal grande conseguimos imágenes poco luminosas. Cuando la relación focal es pequeña, las imágenes son más luminosas. En un telescopio la relación focal, es la relación entre el diámetro del tubo, o apertura, y la distancia focal de la óptica (lugar donde se forma la imagen desde que entra en el objetivo).

Estos telescopios, sobre todo los apocromáticos de mayor calidad óptica, son muy buenos para la observación visual y para la astrofotografía. Además el rango de seeing, o visibilidad astronómica, que soportan es muy amplio y pueden mostrar buenas imágenes aunque el cielo no esté en las condiciones más optimas.

El mantenimiento de estos telescopios suele ser muy bueno y no es necesario colimarlos de manera recurrente, siempre y cuando la colimación en el momento de comprarlos sea buena.

Telescopios reflectores de Newton

Estos telescopios no usan lentes, sino espejos para enfocar y dirigir el haz hacia el ocular.

Una vez la luz ha entrado en el tubo, se refleja en un espejo cóncavo que se encuentra en la base del telescopio. La luz reflejada se dirige a un espejo secundario plano que la refleja y la redirige hacia el ocular.

Los reflectores de Newton suelen ser muy luminosos ya que utilizan relaciones focales pequeñas, además de soportar aperturas grandes en el objetivo. La apertura ayuda mucho para conseguir una gran resolución. A mayor resolución, mayor capacidad de distinguir detalles en el objeto astronómico que estemos observando. Por ejemplo, se pueden distinguir sistemas estelares múltiples con más facilidad que con un telescopio de apertura más pequeña como puede ser un refractor acromático de 100 mm.

Es por tanto, una de las configuraciones ópticas más rentables ya que proporcionan luminosidad para observar en visual y en astrofotografía. Esto quiere decir que son muy polivalentes en cuanto al tipo de observación: espacio profundo, planetaria, lunar, etc.

Sin embargo, la gran apertura que poseen hace que estos telescopios sean muy exigentes en cuanto al seeing, es decir, una condiciones de seeing que serian aceptables para un refractor, van a generar una mala calidad en la imagen.

Además, estos telescopios suelen descolimarse con facilidad por lo que hay que colimarlos antes de cada sesión de observación.

Son, con diferencia, los más complicados de utilizar por el motivo de que son muy voluminosos. Esto hace que sean inestables, sobre todo en condiciones de viento o de inestabilidad del terreno. Si además se les añaden mecánicos como cámaras fotográficas perderán fácilmente la estabilidad.

Este problema se soluciona con una buena montura para el telescopio (también es importante en el caso de los refractores), sobre todo si el tubo es muy largo.

También suelen ser incómodos a la hora de observar debido a la posición del ocular a lo largo del tubo. Esta posición hace que la observación de objetos en el cénit se complique.

Telescopios reflectores de Cassegrain

Al igual que los reflectores de Newton, también usa un sistema de espejos para capturar y dirigir la luz al ocular, pero el espejo secundario es un espejo hiperbólico en lugar de un espejo plano, que redirige la luz hacia la base del telescopio, donde se encuentra el espejo cóncavo, que cuenta con una abertura donde se encuentra el ocular.

En este caso, lo tubos son mucho más cortos y compactos debido al esquema óptico. El hecho de que los tubos sean más cortos, resta algo de importancia al tipo de montura que se utilice.

El ocular está situado en la misma zona que los refractores, en la base, por lo que son muy cómodos para observar.

Tienen una relación focal muy grande, debido a su gran apertura, por lo que mejoran la resolución en la observación del Sol, la Luna o los planetas, así como de zonas concretas de objetos más extensos como la galaxia de Andrómeda.

Esta relación focal grande ayuda a que los reflectores de Cassegrain sean buenos para la astrofotografía. Además, los tubos se pueden diseñar para aplicaciones específicas, como por ejemplo los de astrofotografía de cielo profundo, pero hay que tener en cuenta que, en este caso, no servirían para realizar observaciones visuales.

En cualquier caso, si eliges un tipo de telescopio u otro y tienes pensado observar el Sol, NUNCA, bajo ningún concepto lo OBSERVES DIRECTAMENTE si no quieres perder la vista. Utiliza siempre filtros adecuados para ello (nada de radiografías) o proyecta la imagen del ocular en una pared.

Referencias

La gaceta sideral. Galileo Galilei. Colección Historia de la ciencia. Alianza Editorial

Observar el cielo. David H. Levi. Editorial Planeta

Astrofísica. Manuel Rego y María José Fernández. Eudemauniversidad/Textos de Apoyo.

Podcast Astronomía, observación del Cosmos: Familias de telescopios con Jon Teus. Programa 123. La Fábrica de la Ciencia.